Mientras duermes,
te acurrucas en el regazo de la muerte,
muerte que nos cierra los párpados
y nos lleva a galope a recorrer los mundos que no fueron,
¡vívidos mundos de la muerte son los sueños,
y fugaces!
El universo se abre en ellos
el viento nocturno del respirar profundo,
las palabra que callamos
pronunciadas claramente con el sentir que corresponde,
la vida transformándose en acciones que !cuánto nos guardamos¡
el amor, el beso, la batalla, la irrupción,
el abrir la puerta y encontrar caminos
que invitan a indagar detrás del horizonte,
la vida plena y frágil de un instante,
que ha de morir al primer rayo de luz
que asome al alba de los ojos,
ojos vivos como flores.
Y una rosa es la que brota de esa tumbas,
la que nace en las cañadas de los vientres preñados,
la que asoma en la rendijas luminosas de los párpados del niño,
y en las miradas quietas del amante
asombrado por la rosa espléndida
que sin razón lo abrasa,
-Rosa de fuego que nos crepitas en el beso-.
Rosa del aire,
que inflamas los pechos,
que endulzas las gargantas como flautas,
que haces nacer cada instante la mirada,
rosa de agua fresca de los nacimientos y las oquedades,
te bebo en la inocencia de todas las creaturas
y en la impaciencia de las ciudades,
te toco al extender mi mano a todas partes,
y te pierdo,
de pronto,
cuando el mundo es solo la cadena de los días,
y las rosas solo flores bellas con espinas,
y la vida un laberinto con destino al cementario,
y el mirar de cada día
tan solo un día repetido,
una tumba...
Y una rosa es la que brota de las tumbas,
brota del sueño de la tierra,
de su viento nocturno que constante
inflama seres que resuenan en su respirar profundo.
Abiertos seres como rosas,
como niño acurrucado en el regazo de la muerte
mientras duerme.
Cometas en la lumbre
viernes, 20 de agosto de 2010
martes, 20 de julio de 2010
Nuevo
Otra vez el sol asomándose en la raja donde enlazan cielo y tierra. Otra vez suspiro con asombro sin palabra, otra vez me río al darme cuenta.
Otra vez la miro fundida entre las sábanas, flotante y suave toda ella, como han de ser los sueños de los peces.
Otra vez me desprendo de la calma con que el día ilumina poco a poco la vida que nos va resultando conocida.
Otra vea la ducha, el cafe, el calendario, el instante en que se filtra la frialdad de una angustia apenas perceptible que formula una pregunta "¿para qué?"
Otra vez el paso apresurado como un tic con el que espanto a un mosco imaginario.
Otra vez la calle, el tráfico, la música en el auto que me hace recordar el sol, el beso en el crepúsculo del sueño.
Otra vez la gente con su afán de conseguir la novedad reciente que da tanta importancia a su trajín.
Otra vez mirar detrás de los escudos, la farsa, la comedia, el melodrama, para encontrar al ser que está muriendo y sonreir.
Otra vez el construir el día, cortar la piedra, unir las piezas, armar la vida que se quiere con lo que se nos brinda.
Otra vez cuidar el fuego adentro en el que se cuecen los instantes llenos de sentimientos con su cúmulo de historias.
Otra vez mirar la luz cambaiando los ambientes, los ánimos, la piel de la ciudad que se transforma en animal apasionado por las noches.
Otra vez el sol cerrando la puerta de la tarde y tiñiendo de marrón las nubes como dando lo mejor al despedirse.
Otravez los astros. El viento que suele aparecer y refrescarnos. La media luz de la luna y el resplandor intruso de las lámparas.
Otra vez el sol que respiramos en un beso, en los ojos nuevos, que resplandecen como el sol asomándose a la raja donde enlazan
noche y día, cielo y tierra, mujer y hombre
Otra vez la miro fundida entre las sábanas, flotante y suave toda ella, como han de ser los sueños de los peces.
Otra vez me desprendo de la calma con que el día ilumina poco a poco la vida que nos va resultando conocida.
Otra vea la ducha, el cafe, el calendario, el instante en que se filtra la frialdad de una angustia apenas perceptible que formula una pregunta "¿para qué?"
Otra vez el paso apresurado como un tic con el que espanto a un mosco imaginario.
Otra vez la calle, el tráfico, la música en el auto que me hace recordar el sol, el beso en el crepúsculo del sueño.
Otra vez la gente con su afán de conseguir la novedad reciente que da tanta importancia a su trajín.
Otra vez mirar detrás de los escudos, la farsa, la comedia, el melodrama, para encontrar al ser que está muriendo y sonreir.
Otra vez el construir el día, cortar la piedra, unir las piezas, armar la vida que se quiere con lo que se nos brinda.
Otra vez cuidar el fuego adentro en el que se cuecen los instantes llenos de sentimientos con su cúmulo de historias.
Otra vez mirar la luz cambaiando los ambientes, los ánimos, la piel de la ciudad que se transforma en animal apasionado por las noches.
Otra vez el sol cerrando la puerta de la tarde y tiñiendo de marrón las nubes como dando lo mejor al despedirse.
Otravez los astros. El viento que suele aparecer y refrescarnos. La media luz de la luna y el resplandor intruso de las lámparas.
Otra vez el sol que respiramos en un beso, en los ojos nuevos, que resplandecen como el sol asomándose a la raja donde enlazan
noche y día, cielo y tierra, mujer y hombre
lunes, 19 de julio de 2010
Un avión
Sobrevuela la ciudad inofensiva,
La criatura lenta que se mueve
en serpenteantes líneas rítmicas.
Casi dormida,
respira suavemente como animal saciado
Yo me siento transparente,
casi inexistente,
veloz y expansivo en el reino de las nubes
-atemorizantes madres del rayo y turbelencias;
en sus vientres oscuros
el mundo se disuelve,
en relámpagos y vientos temepestuosos
como olas gigantescas-
Yo me siento un héroe
montando a uno de los monstruos
hechizantes de la urbe,
que traspasa en un momento
los horrores de la guerra
que engendran las tormentas
-soy un explorador con ansias
de arrancarle a sus ojos toda melancolía,
un viejo hambriento
de arrivar al umbral
donde morir y renacer se funden-
Un hombre simple,
con boleto de viaje sencillo,
que mira desde arriba
la triste obsesión humnana por los límites,
tatuando la salvaje piel de los paisajes:
A lo lejos veo las líneas rectas,
regulares polígonos y hombres,
Aquí debajo, la montaña que se eleva
como un estiramiento de animal hacia la vida
valles acurrucados por imposibles cordilleras
bosques espesos, cañadas secretas
y la mancha que deja el paso de los hombres,
hombres, siempre, hombres,
soy un hombre en guerra deseando despojarse de su cárcel,
un ver flotante
atrapado en la miseria con que educan las ciudades.
y respiro,
el aire en que navegan los insectos,
el aliento perfumado por la vitalidad de los arbustos
el soplo que axhalan los que mueren
el torrente con que vienen los nacidos.
La criatura lenta que se mueve
en serpenteantes líneas rítmicas.
Casi dormida,
respira suavemente como animal saciado
Yo me siento transparente,
casi inexistente,
veloz y expansivo en el reino de las nubes
-atemorizantes madres del rayo y turbelencias;
en sus vientres oscuros
el mundo se disuelve,
en relámpagos y vientos temepestuosos
como olas gigantescas-
Yo me siento un héroe
montando a uno de los monstruos
hechizantes de la urbe,
que traspasa en un momento
los horrores de la guerra
que engendran las tormentas
-soy un explorador con ansias
de arrancarle a sus ojos toda melancolía,
un viejo hambriento
de arrivar al umbral
donde morir y renacer se funden-
Un hombre simple,
con boleto de viaje sencillo,
que mira desde arriba
la triste obsesión humnana por los límites,
tatuando la salvaje piel de los paisajes:
A lo lejos veo las líneas rectas,
regulares polígonos y hombres,
Aquí debajo, la montaña que se eleva
como un estiramiento de animal hacia la vida
valles acurrucados por imposibles cordilleras
bosques espesos, cañadas secretas
y la mancha que deja el paso de los hombres,
hombres, siempre, hombres,
soy un hombre en guerra deseando despojarse de su cárcel,
un ver flotante
atrapado en la miseria con que educan las ciudades.
y respiro,
el aire en que navegan los insectos,
el aliento perfumado por la vitalidad de los arbustos
el soplo que axhalan los que mueren
el torrente con que vienen los nacidos.
lunes, 12 de julio de 2010
No llores la partida
Todo el tiempo parte,
y comparte todo,
el Tiempo.
Dentro de uno,
el agua, la sangre,
el aliento en las palabras,
parten también.
Mundos nuevos se reciclan,
oceanos alcalinos y ácidos
que navegan mounstruos desconocidos,
por los inmensos causes de las venas,
fauna innumerable,
micoroscópica y actuante,
que pelea y coloniza,
muere y empuja a que retorne el equilibrio,
que también parte y retorna siendo otro,
porque nunca sigo siendo el mismo,
en esta piel, en estos ojos,
en esta encrucijada en que coincide todo,
en donde nacen las palabras
-palabras que no son nuestras,
cristales que caen de un corazón ardiente
que ha transformado la sustancia de la vida,
haciéndonos sentir, estremecer, callar,
quedarnos aturdidos mirando hacia la tarde,
siguiendo hasta perderse la sombra a la que amamos,
abriendo el presente perfecto de tus labios,
invocando al silencio en el que cabe todo, y luego,
vienen las palabras,
reductos de aquello que ha partido,
para dejar detrás de sí un mapa,
-una escalera para volverse transparente,
o un laberinto al que esconderse-.
Son las palabras el recuerdo del rostro que buscamos.
El conocido Amor desconocido,
que nos hace peregrinos ansiosos
urgando los rostros de otros peregrinos.
No son nuestras las palabras.
sin pensar en aquello que expresamos de algún modo,
las palabras surgen,
del agua, de la sangre, del aliento,
del fuego dentro de uno
y parten,
llevándose el amor hacia el Amor del mundo,
que va también partiendo,
como el tiempo que parte,
y comparte todo.
y comparte todo,
el Tiempo.
Dentro de uno,
el agua, la sangre,
el aliento en las palabras,
parten también.
Mundos nuevos se reciclan,
oceanos alcalinos y ácidos
que navegan mounstruos desconocidos,
por los inmensos causes de las venas,
fauna innumerable,
micoroscópica y actuante,
que pelea y coloniza,
muere y empuja a que retorne el equilibrio,
que también parte y retorna siendo otro,
porque nunca sigo siendo el mismo,
en esta piel, en estos ojos,
en esta encrucijada en que coincide todo,
en donde nacen las palabras
-palabras que no son nuestras,
cristales que caen de un corazón ardiente
que ha transformado la sustancia de la vida,
haciéndonos sentir, estremecer, callar,
quedarnos aturdidos mirando hacia la tarde,
siguiendo hasta perderse la sombra a la que amamos,
abriendo el presente perfecto de tus labios,
invocando al silencio en el que cabe todo, y luego,
vienen las palabras,
reductos de aquello que ha partido,
para dejar detrás de sí un mapa,
-una escalera para volverse transparente,
o un laberinto al que esconderse-.
Son las palabras el recuerdo del rostro que buscamos.
El conocido Amor desconocido,
que nos hace peregrinos ansiosos
urgando los rostros de otros peregrinos.
No son nuestras las palabras.
sin pensar en aquello que expresamos de algún modo,
las palabras surgen,
del agua, de la sangre, del aliento,
del fuego dentro de uno
y parten,
llevándose el amor hacia el Amor del mundo,
que va también partiendo,
como el tiempo que parte,
y comparte todo.
Cometas en la lumbre,
fugaces como el hubble,
como el sol que te despierta en la mañana
y abre el día de hoy y el de mañana
y sabe el día en que te irás,
fugaz hacia la noche,
mar de estrellas,
pueblo de libélulas brillantes,
que hoy te brillan en los ojos
y mañana...
¡mira los cometas de la lumbre,
tan hermosos como sonrisas en los vivos!
fugaces como el hubble,
como el sol que te despierta en la mañana
y abre el día de hoy y el de mañana
y sabe el día en que te irás,
fugaz hacia la noche,
mar de estrellas,
pueblo de libélulas brillantes,
que hoy te brillan en los ojos
y mañana...
¡mira los cometas de la lumbre,
tan hermosos como sonrisas en los vivos!
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