Sobrevuela la ciudad inofensiva,
La criatura lenta que se mueve
en serpenteantes líneas rítmicas.
Casi dormida,
respira suavemente como animal saciado
Yo me siento transparente,
casi inexistente,
veloz y expansivo en el reino de las nubes
-atemorizantes madres del rayo y turbelencias;
en sus vientres oscuros
el mundo se disuelve,
en relámpagos y vientos temepestuosos
como olas gigantescas-
Yo me siento un héroe
montando a uno de los monstruos
hechizantes de la urbe,
que traspasa en un momento
los horrores de la guerra
que engendran las tormentas
-soy un explorador con ansias
de arrancarle a sus ojos toda melancolía,
un viejo hambriento
de arrivar al umbral
donde morir y renacer se funden-
Un hombre simple,
con boleto de viaje sencillo,
que mira desde arriba
la triste obsesión humnana por los límites,
tatuando la salvaje piel de los paisajes:
A lo lejos veo las líneas rectas,
regulares polígonos y hombres,
Aquí debajo, la montaña que se eleva
como un estiramiento de animal hacia la vida
valles acurrucados por imposibles cordilleras
bosques espesos, cañadas secretas
y la mancha que deja el paso de los hombres,
hombres, siempre, hombres,
soy un hombre en guerra deseando despojarse de su cárcel,
un ver flotante
atrapado en la miseria con que educan las ciudades.
y respiro,
el aire en que navegan los insectos,
el aliento perfumado por la vitalidad de los arbustos
el soplo que axhalan los que mueren
el torrente con que vienen los nacidos.
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