lunes, 12 de julio de 2010

No llores la partida

Todo el tiempo parte,
y comparte todo,
el Tiempo.

Dentro de uno,
el agua, la sangre,
el aliento en las palabras,
parten también.

Mundos nuevos se reciclan,
oceanos alcalinos y ácidos
que navegan mounstruos desconocidos,
por los inmensos causes de las venas,
fauna innumerable,
micoroscópica y actuante,
que pelea y coloniza,
muere y empuja a que retorne el equilibrio,
que también parte y retorna siendo otro,
porque nunca sigo siendo el mismo,
en esta piel, en estos ojos,
en esta encrucijada en que coincide todo,
en donde nacen las palabras
-palabras que no son nuestras,
cristales que caen de un corazón ardiente
que ha transformado la sustancia de la vida,
haciéndonos sentir, estremecer, callar,
quedarnos aturdidos mirando hacia la tarde,
siguiendo hasta perderse la sombra a la que amamos,
abriendo el presente perfecto de tus labios,
invocando al silencio en el que cabe todo, y luego,
vienen las palabras,
reductos de aquello que ha partido,
para dejar detrás de sí un mapa,
-una escalera para volverse transparente,
o un laberinto al que esconderse-.
Son las palabras el recuerdo del rostro que buscamos.
El conocido Amor desconocido,
que nos hace peregrinos ansiosos
urgando los rostros de otros peregrinos.

No son nuestras las palabras.
sin pensar en aquello que expresamos de algún modo,
las palabras surgen,
del agua, de la sangre, del aliento,
del fuego dentro de uno
y parten,
llevándose el amor hacia el Amor del mundo,
que va también partiendo,
como el tiempo que parte,
y comparte todo.

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