viernes, 20 de agosto de 2010

Rosa

Mientras duermes,
te acurrucas en el regazo de la muerte,
muerte que nos cierra los párpados
y nos lleva a galope a recorrer los mundos que no fueron,
¡vívidos mundos de la muerte son los sueños,
y fugaces!
El universo se abre en ellos
el viento nocturno del respirar profundo,
las palabra que callamos
pronunciadas claramente con el sentir que corresponde,
la vida transformándose en acciones que !cuánto nos guardamos¡
el amor, el beso, la batalla, la irrupción,
el abrir la puerta y encontrar caminos
que invitan a indagar detrás del horizonte,
la vida plena y frágil de un instante,
que ha de morir al primer rayo de luz
que asome al alba de los ojos,
ojos vivos como flores.

Y una rosa es la que brota de esa tumbas,
la que nace en las cañadas de los vientres preñados,
la que asoma en la rendijas luminosas de los párpados del niño,
y en las miradas quietas del amante
asombrado por la rosa espléndida
que sin razón lo abrasa,
-Rosa de fuego que nos crepitas en el beso-.
Rosa del aire,
que inflamas los pechos,
que endulzas las gargantas como flautas,
que haces nacer cada instante la mirada,
rosa de agua fresca de los nacimientos y las oquedades,
te bebo en la inocencia de todas las creaturas
y en la impaciencia de las ciudades,
te toco al extender mi mano a todas partes,
y te pierdo,
de pronto,
cuando el mundo es solo la cadena de los días,
y las rosas solo flores bellas con espinas,
y la vida un laberinto con destino al cementario,
y el mirar de cada día
tan solo un día repetido,
una tumba...

Y una rosa es la que brota de las tumbas,
brota del sueño de la tierra,
de su viento nocturno que constante
inflama seres que resuenan en su respirar profundo.
Abiertos seres como rosas,
como niño acurrucado en el regazo de la muerte
mientras duerme.

No hay comentarios:

Publicar un comentario